Miércoles de la VI Semana de Pascua

Hech 17,15-16.22-18, 1

Los atenienses, al igual que quizás la mayoría de los hombres, eran personas muy religiosas, las cuales creían fervientemente en Dios.

Hoy en día es triste darnos cuenta que los hombres van perdiendo su interés por Dios, por las cosas divinas y trascendentes. El materialismo que vivimos está llevando al hombre a una increencia tal en la que se pierde de vista lo sobrenatural y con ello Dios y nuestro destino final.

Por otro lado nos encontramos, incluso dentro de nuestra misma Iglesia, hermanos que aun creyendo en Dios, viven con una imagen equivocada de Él.

Pablo en el Aerópago, les anuncia la auténtica visión de Dios, del Dios amoroso que en su misericordia resucitó a su Hijo y los constituyó Señor, para que todos los que crean en Él tengan vida y la tengan en abundancia.

No dejes que el materialismo te haga perder el sentido de lo espiritual; y si conoces a alguien que no tiene una idea clara del Dios Amor, háblale de su misericordia y de con cuanto amor lo está buscando.

Jn 16,12-15

El hombre de nuestros tiempos, ¿será menos religioso que antiguamente? Encontramos con frecuencia afirmaciones que nos aseguran que el hombre actual se ha alejado de supersticiones y que considera la fe como un atraso y ataduras que no permiten avanzar. Pero si escuchamos con atención sus objeciones y sus dudas comprenderemos que lo que ellos consideran religión o Dios, dista mucho de ser el verdadero Dios que ha proclamado y manifestado Jesús y que los valores que proclaman como la verdad, la fraternidad, la justicia son propiamente los valores del Reino.

Quizás tendríamos que decirles, a quién con sincero corazón busca la verdad y la justicia, que precisamente Jesús tiene como principales enseñanzas esa misma verdad y esa misma justicia. Quizás hoy tendríamos que afirmar, cómo San Pablo, que Jesús ha manifestado el rostro de Dios muy cercano al hombre, que lejos de alienarlo o despojarlo, lo llena de plenitud y de sentido.

En el mundo que se dice ateo y materialista, el hombre suspira y busca la verdad que lo fortalezca y que alimente su espíritu. No puede llenarse de materialismo y egoísmo, su misma naturaleza le lleva a descubrir algo, a alguien superior que le dé sentido a su existencia. Muchos lo busca en meditaciones, en ejercicios psicológicos, en terapias, pero mientras no descubran a Dios como alguien cercano que se deja encontrar seguirán con esa ansia y sed de Dios.

Jesús se hace rostro de ese Dios Creador del que habla San Pablo; Jesús se hace diálogo y palabra para que nosotros podamos conversar y comunicarnos con Dios.  Jesús es el camino de encuentro entre la humanidad y Dios.

El pasaje de este día nos muestra a Jesús en su despedida de los discípulos, no como abandono, sino como una señal del destino del hombre. Ofrece la presencia del Espíritu para iluminar nuestras mentes y para que podamos descubrir en medio de nosotros la presencia de Dios Padre.

No ahoguemos esas ansias de Dios que tiene nuestro corazón, no dejemos oscurecer vidas por ambiciones materiales que ocultan la luz de nuestro Dios.

Hoy aceptemos la propuesta de Jesús y por medio de su Espíritu descubramos a Dios en nuestras vidas.

¿Cómo vives tú hoy esa presencia de Dios?

Miércoles de la VI Semana de Pascua

Jn 16, 12-15

Pertenece al ser humano buscar la verdad. Ya lo dijeron los filósofos clásicos. En el evangelio de Juan está muy presente la búsqueda de la verdad. En él aparece la pregunta de Pilatos, “qué es la verdad”… Hoy leemos que “el Espíritu de verdad os guiará hacia la verdad plena”. ¿Qué verdad? La verdad plena es el mismo Jesús. “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre si no es por mí”, había dicho. El texto evangélico anuncia la Pascua de Pentecostés. Es el Espíritu quien ha de guiar al conocimiento pleno de Jesús, y del Padre. Fue lo que hizo con los apóstoles. El Espíritu muestra la verdad didácticamente, a través de la vida, de la historia, cuando esa vida, esa historia se oran, es decir: se ven bajo la luz del evangelio, de la Palabra del Señor.

Es necesario prepararse para la Pascua de Pentecostés. Es necesario abrirnos al espíritu de Jesús, del evangelio, que es el Espíritu Santo. Él nos conducirá a la verdad…y a la vida, a interpretarla bien.

Miércoles de la VI Semana de Pascua

Jn 16,12-15

Sin el Espíritu Santo no podemos entender. En la lectura del Evangelio de hoy, vemos que es justamente el Espíritu Santo el que nos hace entender la verdad o, usando las palabras de Jesús, es el Espíritu el que nos hace conocer la voz de Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco y ellas me siguen».

La Iglesia sale adelante gracias a la obra del Espíritu Santo, que nos hace escuchar la voz del Señor. ¿Y cómo puedo estar seguro de que esa voz que escucho es la voz de Jesús, de que lo que escucho que debo hacer viene del Espíritu Santo? Hay que rezar.

Sin la oración no hay sitio para el Espíritu Santo. Hay que pedir a Dios que nos mande este don: «Señor, danos el Espíritu Santo para que podamos discernir en cualquier momento qué debemos hacer», que no es siempre lo mismo.

El mensaje es el mismo: la Iglesia sale adelante, la Iglesia sale adelante con estas sorpresas, con estas novedades del Espíritu Santo. Hay que discernirlas, y, para discernirlas, hay que rezar, pedir esta gracia.

San Bernabé estaba lleno del Espíritu Santo y entendió inmediatamente; Pedro vio y dijo: «Pero, ¿quién soy yo para negar aquí el Bautismo?».

Es el Espíritu Santo quien hace que no nos equivoquemos. «Pero, padre, ¿por ¿qué meterse en tantos problemas? Hagamos las cosas como siempre las hemos hecho, y así estamos más seguros».

El problema de hacer siempre lo mismo que hemos hecho, es una alternativa de muerte. Hay que arriesgarse con la oración, mucho, con la humildad, a aceptar lo que el Espíritu Santo nos pide que cambiemos. Esta es la vía.

Miércoles de la VI Semana de Pascua

Jn 16, 12-15

Cuando la oscuridad de la duda, se enciende en nuestro corazón, cuando no encontramos soluciones y respuestas para nuestros interrogantes más crudos: la muerte, la violencia, la injusticia, el mal, etc., entonces parece que todo está perdido y brota la tentación que nos pide abandonar la fe y la esperanza.

Hoy las dos lecturas nos previenen contra esta aparente solución y nos muestran que en esos momentos difíciles también está presente el Señor con nosotros.

San Pablo es capaz de descubrir, en medio de una multitud de dioses griegos, al verdadero Dios que ha acompañado a este pueblo sin que este pueblo pudiera reconocerlo con claridad pero que siente esa presencia también del dios desconocido.  Y san Pablo se lo muestra y trata de acercarlos a él y de dárselo a conocer.

Jesús en el ambiente de despedida, intimidad y nostalgia que envuelve la última cena, busca dar a sus discípulos razones de esperanza para los momentos difíciles.  Explica que serán momentos de incomprensión, que parecerá todo perdido, pero también anuncia que el Espíritu de verdad los irá guiando.

Y nosotros hoy, ¿qué estamos haciendo?  La vorágine de un mundo acelerado que parece ahogar toda presencia divina, los antitestimonios que desfiguran el rostro de Dios, la maldad que acaba con las legítimas esperanzas, muchos dicen no creer, sin embargo en medio de nosotros también se puede sentir la presencia de Dios y su amor.

Podríamos decir que también a nuestro mundo necesitamos ayudarle a descubrir que ese dios desconocido está presente en medio de nosotros y que muchos lo buscan y lo presienten aún sin saberlo. 

Cuando alguien está luchando por la verdad y la justicia, entonces está presente en medio de nosotros ese Dios; cuando se dan muestras de fraternidad, aún en medio de las limitaciones, entonces se puede descubrir ese rostro de amor; cuando se apuesta por la vida y por la naturaleza, cuando se defiende los derechos de todas las personas, cuando se comparte lo poco que se tiene, entonces se hace presente Dios en medio de nosotros.

Que el Espíritu de verdad nos ayude a descubrir cómo responder a ese amor, que nos abra los ojos y el corazón para ser conscientes de ese Dios que se nos revela a cada paso.  Dios está con nosotros, Dios camina con nosotros, no podemos estar desanimados o tristes, debemos luchar con mucha esperanza.

Miércoles de la VI semana de Pascua

Jn 16,12-15 

El hombre de nuestros tiempos, ¿será menos religioso que antiguamente? Encontramos con frecuencia afirmaciones que nos aseguran que el hombre actual se ha alejado de supersticiones y que considera la fe como un atraso y ataduras que no permiten avanzar. Pero si escuchamos con atención sus objeciones y sus dudas comprenderemos que lo que ellos consideran religión o Dios, dista mucho de ser el verdadero Dios que ha proclamado y manifestado Jesús y que los valores que proclaman como la verdad, la fraternidad, la justicia son propiamente los valores del Reino. 

Quizás tendríamos que decirles, a quién con sincero corazón busca la verdad y la justicia, que precisamente Jesús tiene como principales enseñanzas esa misma verdad y esa misma justicia. Quizás hoy tendríamos que afirmar, cómo San Pablo, que Jesús ha manifestado el rostro de Dios muy cercano al hombre, que lejos de alienarlo o despojarlo, lo llena de plenitud y de sentido. 

En el mundo que se dice ateo y materialista, el hombre suspira y busca la verdad que lo fortalezca y que alimente su espíritu. No puede llenarse de materialismo y egoísmo, su misma naturaleza le lleva a descubrir algo, a alguien superior que le dé sentido a su existencia. Muchos lo busca en meditaciones, en ejercicios psicológicos, en terapias, pero mientras no descubran a Dios como alguien cercano que se deja encontrar seguirán con esa ansia y sed de Dios. 

Jesús se hace rostro de ese Dios Creador del que habla San Pablo; Jesús se hace diálogo y palabra para que nosotros podamos conversar y comunicarnos con Dios.  Jesús es el camino de encuentro entre la humanidad y Dios. 

El pasaje de este día nos muestra a Jesús en su despedida de los discípulos, no como abandono, sino como una señal del destino del hombre. Ofrece la presencia del Espíritu para iluminar nuestras mentes y para que podamos descubrir en medio de nosotros la presencia de Dios Padre. 

No ahoguemos esas ansias de Dios que tiene nuestro corazón, no dejemos oscurecer vidas por ambiciones materiales que ocultan la luz de nuestro Dios. 

Hoy aceptemos la propuesta de Jesús y por medio de su Espíritu descubramos a Dios en nuestras vidas. 

¿Cómo vives tú hoy esa presencia de Dios?