{"id":6018,"date":"2026-02-03T11:04:32","date_gmt":"2026-02-03T09:04:32","guid":{"rendered":"http:\/\/igfergon.com.mx\/?p=6018"},"modified":"2026-02-03T11:04:34","modified_gmt":"2026-02-03T09:04:34","slug":"martes-de-la-iv-semana-ordinaria-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/igfergon.com.mx\/?p=6018","title":{"rendered":"Martes de la IV Semana Ordinaria"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"275\" height=\"183\" src=\"http:\/\/igfergon.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Martes-4SO.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6019\" srcset=\"http:\/\/igfergon.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Martes-4SO.jpg 275w, http:\/\/igfergon.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Martes-4SO-200x133.jpg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 275px) 100vw, 275px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">2Sam 18, 9-10; 14; 24-25; 30. 19, 3<\/h4>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Hijo m\u00edo, Absal\u00f3n! \u00a1Qui\u00e9n me diera haber muerto en tu lugar!\u201d. Es el grito angustiado de David, llorando, ante la noticia de la muerte de su hijo. La primera lectura (2S 18,9-10. 14b. 24-25a. 30-19,3) describe el fin de la larga batalla de Absal\u00f3n contra su padre, el rey David, para quitarle el trono. David sufr\u00eda por aquella guerra que el hijo, Absal\u00f3n, le hab\u00eda declarado convenciendo al pueblo para luchar a su lado; tanto que David tuvo que huir de Jerusal\u00e9n para salvar su vida. Descalzo, con la cabeza cubierta, insultado por unos y apedreado por otros, porque todos estaban con ese hijo que hab\u00eda enga\u00f1ado a la gente, hab\u00eda seducido el coraz\u00f3n de la gente con promesas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0El texto describe a David a la espera de noticias del frente. Finalmente, la llegada de un mensajero le advierte: Absal\u00f3n ha muerto en la batalla. \u201cEntonces el rey se estremeci\u00f3. Subi\u00f3 a la habitaci\u00f3n superior del port\u00f3n y se puso a llorar. Dec\u00eda al subir: \u00ab\u00a1Hijo m\u00edo, Absal\u00f3n, hijo m\u00edo! \u00a1Hijo m\u00edo, Absal\u00f3n! \u00a1Qui\u00e9n me diera haber muerto en tu lugar! \u00a1Absal\u00f3n, hijo m\u00edo, hijo m\u00edo!\u00bb\u201d. El que estaba con \u00e9l se extra\u00f1a de esta reacci\u00f3n: \u201cPero, \u00bfpor qu\u00e9 lloras? \u00c9l estaba contra ti, te hab\u00eda negado, hab\u00eda renegado de tu paternidad, te ha insultado, te ha perseguido\u2026 \u00a1Mejor haz una fiesta, celebra que has vencido!\u201d. Pero David solo dice: \u201c\u00a1Absal\u00f3n, hijo m\u00edo, hijo m\u00edo!\u201d, y llora. Este llanto de David es un hecho hist\u00f3rico pero tambi\u00e9n es una profec\u00eda. Nos muestra el coraz\u00f3n de Dios, qu\u00e9 hace el Se\u00f1or con nosotros cuando nos alejamos de \u00c9l, qu\u00e9 hace el Se\u00f1or cuando nos destruimos a nosotros mismos con el pecado, desorientados, perdidos. El Se\u00f1or es padre y jam\u00e1s reniega de esa paternidad: \u201cHijo m\u00edo, hijo m\u00edo\u201d. Encontramos ese llanto de Dios cuando vamos a confesar nuestros pecados, porque no es como ir a la tintorer\u00eda a quitar una mancha, sino que es ir al padre que llora por m\u00ed, porque es padre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0La frase de David, \u201c\u00a1Qui\u00e9n me diera haber muerto en tu lugar! \u00a1Absal\u00f3n, hijo m\u00edo!\u00bb\u201d, es prof\u00e9tica, insisto, y en Dios se hace realidad. Es tan grande el amor de padre que Dios tiene por nosotros que muri\u00f3 en nuestro lugar. Se hizo hombre y muri\u00f3 por nosotros. Cuando miremos el crucifijo, pensemos en ese \u201c\u00a1Qui\u00e9n me diera haber muerto en tu lugar!\u201d. Y sintamos la voz del Padre que en el Hijo nos dice: \u201cHijo m\u00edo, hijo m\u00edo\u201d. Dios no reniega de sus hijos, Dios no regatea su paternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0El amor de Dios llega hasta el extremo. El que est\u00e1 en la cruz es Dios, el Hijo del Padre, enviado para dar la vida por nosotros. Nos vendr\u00e1 bien, en los momentos malos de nuestra vida \u2013todos los tenemos\u2013, momentos de pecado, momentos de alejamiento de Dios, sentir esa voz en el coraz\u00f3n: \u201cHijo m\u00edo, hija m\u00eda, \u00bfqu\u00e9 est\u00e1s haciendo? No te suicides, por favor. Yo he muerto por ti\u201d. Jes\u00fas llor\u00f3 al ver Jerusal\u00e9n. Jes\u00fas llora porque no dejamos que \u00c9l nos ame. As\u00ed pues, en el momento de la tentaci\u00f3n, en el momento del pecado, en el momento en que nos alejamos de Dios, intentemos sentir esa voz: \u201cHijo m\u00edo, hija m\u00eda, \u00bfpor qu\u00e9?\u201d<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Mc 5, 21-43<\/h4>\n\n\n\n<p>Hoy el Evangelio nos presenta dos milagros de Jes\u00fas que nos hablan de la fe de dos personas bien distintas. Tanto Jairo \u2014uno de los jefes de la sinagoga\u2014 como aquella mujer enferma muestran una gran fe: Jairo est\u00e1 seguro de que Jes\u00fas puede curar a su hija, mientras que aquella buena mujer conf\u00eda en que un m\u00ednimo de contacto con la ropa de Jes\u00fas ser\u00e1 suficiente para liberarla de una enfermedad muy grave. Y Jes\u00fas, porque son personas de fe, les concede el favor que hab\u00edan ido a buscar.<\/p>\n\n\n\n<p>El elemento que hace posible la acci\u00f3n de Dios, incluso de manera extraordinaria, es la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera fue ella, aquella que pensaba que no era digna de que Jes\u00fas le dedicara tiempo, la que no se atrev\u00eda a molestar al Maestro ni a aquellos jud\u00edos tan influyentes. Sin hacer ruido, se acerca y, tocando la borla del manto de Jes\u00fas, \u201carranca\u201d su curaci\u00f3n y ella enseguida lo nota en su cuerpo. Pero Jes\u00fas, que sabe lo que ha pasado, no la quiere dejar marchar sin dirigirle unas palabras: \u00abHija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>A Jairo, Jes\u00fas le pide una fe todav\u00eda m\u00e1s grande. Como ya Dios hab\u00eda hecho con Abraham en el Antiguo Testamento, pedir\u00e1 una fe contra toda esperanza, la fe de las cosas imposibles. Le comunicaron a Jairo la terrible noticia de que su hijita acababa de morir. Nos podemos imaginar el gran dolor que le invadir\u00eda en aquel momento, y quiz\u00e1 la tentaci\u00f3n de la desesperaci\u00f3n. Y Jes\u00fas, que lo hab\u00eda o\u00eddo, le dice: \u00abNo temas, solamente ten fe\u00bb. Y como aquellos patriarcas antiguos, creyendo contra toda esperanza, vio c\u00f3mo Jes\u00fas devolv\u00eda la vida a su amada hija.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Dos grandes lecciones de fe para nosotros. Desde las p\u00e1ginas del Evangelio, Jairo y la mujer que sufr\u00eda hemorragias, juntamente con tantos otros, nos hablan de la necesidad de tener una fe inconmovible.<\/p>\n\n\n\n<p>Creer significa confiar aun ante la evidencia contraria; creer significa tomar los riesgos de ser criticados, creer es actuar, dir\u00eda el Ap\u00f3stol Santiago. Muchas veces nuestra fe queda solo a nivel de raz\u00f3n y no de actuaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La verdadera fe es notoria pues expresa sin lugar a dudas la confianza y el abandono total en Dios. \u00bfC\u00f3mo es tu fe? \u00bfEs una fe intelectual, o es una fe que ante la evidencia contraria contin\u00faa diciendo: No entiendo Se\u00f1or, pero creo que t\u00fa me amas y que har\u00e1s lo que sea mejor para m\u00ed y para los m\u00edos?<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos hacer nuestra aquella bonita exclamaci\u00f3n evang\u00e9lica: \u00abCreo, Se\u00f1or, ayuda mi incredulidad\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>2Sam 18, 9-10; 14; 24-25; 30. 19, 3 \u201c\u00a1Hijo m\u00edo, Absal\u00f3n! \u00a1Qui\u00e9n me diera haber muerto en tu lugar!\u201d. Es el grito angustiado de David, llorando, ante la noticia de la muerte de su hijo. 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