Jueves de la XXI Semana Ordinaria

1 Tes 3, 7-13

Es tanta la alegría del apóstol al saber que a pesar del poco tiempo que estuvo con ellos, la fe en la comunidad no sólo se ha mantenido sino que ha crecido, que inspira al apóstol a hacer una pequeña pero bellísima oración. Y es que no hay premio y satisfacción más grande para quien anuncia la Buena Noticia de Cristo que el ver que ésta da fruto.

Es como el sembrador, que al ver que todo su esfuerzo rinde fruto, ya ni se acuerda de las largas horas que tuvo que pasar bajo el sol para sembrar y cultivar. Así también cuando un padre de familia ve que todo su esfuerzo, sus desvelos y problemas por educar al hijo, maduran en una vida honrada y productiva (y ni que decir cuando además es una vida santa), con cuanta alegría no se elevará una oración para agradecer al buen Dios que ha hecho, con nuestras humildes fuerzas, florecer el campo.

Todos, de una manera o de otra, disfrutamos de esta cosecha, por ello te invito hoy a elevar una oración de agradecimiento por todos aquellos a los que les has compartido el evangelio y sobre todo, por aquellos a quienes el Señor te dio el gran compromiso de educarlos y de formarlos como hijos de Dios, para que como dice el apóstol: «Dios conserve sus corazones irreprochables en la santidad».

Mt 24, 42-51

En este pasaje Jesús nos invita a la vigilancia, y sobre todo a reconocer que todo lo que tenemos, lo tenemos solo en administración, por lo que tenemos el compromiso de cuidar de sus bienes y de administrarlos correctamente.

Es importante notar en esta cita que cuando Jesús habla sobre el servidor fiel, lo pone en relación a sus hermanos; con ello nos indica que todos los que tenemos autoridad sobre otros, debemos reconocer que un día el Señor nos pedirá cuentas de ellos.

De ahí la gran responsabilidad que tienen sobre todo los padres de familia, a los que Dios les ha encomendado el cuidado de sus hijos; de los esposos a quienes les ha encomendado el cuidado de uno y otro; de la alta responsabilidad de los empresarios, patrones, supervisores, etc., quienes tendrán que responder por el bienestar (y diríamos incluso de la santidad) de sus empleados.

Si el Señor te pidiera hoy cuentas de tu administración, ¿te encontraría preparado? Te invito pues, a hacer un breve balance de cómo has administrado lo que el Señor puso a tu cuidado, sobre todo en tu trato con tus hermanos.

Jueves de la XXI Semana Ordinaria

Mt 24, 42-51

Todo lo de Jesús, todas sus palabras, las hemos de contemplar desde nuestra situación ante él. En este evangelio nos pide “estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor”. Nosotros los cristianos, sus seguidores, sabemos muchas cosas de Jesús, sabemos que por amor ha venido hasta nosotros, sabemos que gastó y desgastó su vida en predicarnos su buena noticia, el evangelio donde nos indica el camino que hemos de seguir para encontrar vida y vida en abundancia que tanto deseamos, sabemos que fue capaz de dejarse clavar en una cruz antes de que nos quedásemos sin su buena noticia, sabemos que sigue con nosotros de manera real y misteriosa, y sabemos, como nos indica el evangelio de hoy, que vendrá un día a cada uno de nosotros para que podamos gozar de su presencia amorosa sin velos al invitarnos al banquete de su amor para siempre…

Desde esta nuestra situación ante él, desde el profundo amor que le tenemos, con gozo, sin ningún temor esperamos y deseamos su venida definitiva a nosotros y así gozar de él y de su amor para siempre.