HOMILÍA DOMINICAL

SANTÍSIMA TRINIDAD (CICLO B)

Después de haber celebrado los misterios de Cristo, en su pasión, muerte y resurrección, y también celebrado la efusión del Espíritu Santo en la Iglesia, celebramos hoy el Misterio de la Santísima Trinidad.

El misterio de la Santísima Trinidad es un gran misterio: un solo Dios en tres Personas, misterio grande pues se refiere a la esencia misma de Dios, y grande también por lo imposible de entender y de captar cabalmente, menos aún de explicar, pues es una verdad que sobrepasa infinitamente las capacidades intelectuales del ser humano. 

Creemos y profesamos nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. En un solo Dios y tres personas distintas.

En las Sagradas Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, encontramos muchísimas referencias a este ser único de Dios.  Uno y Trino. 

La 1ª lectura del libro del Deuteronomio nos presenta a la primera persona de la Trinidad: a  Dios Padre como el único Dios verdadero. 

Es Dios quien crea el mundo, quien crea al hombre.  Es Dios el que vive con el hombre de todos los tiempos una verdadera historia de Salvación, una verdadera historia de amor.  Es Dios quien salva a su pueblo de la esclavitud y le entrega la Tierra Prometida.  El pueblo escogido tiene muy claro que Dios es solamente Uno.

La 2ª lectura de San Pablo a los Romanos nos presenta a Dios Espíritu Santo.  San Pablo nos recuerda que es el Espíritu Santo quien guía, sostiene, alienta, fortalece e inspira al Pueblo de Dios.

El Evangelio de San Mateo nos recuerda la grandeza de Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad que se encarnó, se hizo hombre para salvarnos.

Jesús siempre nos habla de la Santísima Trinidad: habla siempre del Padre, de Él que es el Hijo y del Espíritu Santo, que nos ha enviado.

Son muchos los momentos importantes en la vida de Cristo en los que aparece la acción de la Santísima Trinidad: La Anunciación: El ángel habla a María de parte de Dios Padre, le dice que por obra y Gracia del Espíritu Santo, concebirá en su seno a Jesús el Hijo bendito de Dios.  El Bautismo del Señor: Jesús recibe de manos de Juan el bautismo en el Jordán, se oye una voz del cielo, del Padre, que dice: “este es mi Hijo…” y descienda sobre Él el Espíritu Santo. La Ascensión: Jesús dice a sus apóstoles: “Id por todos los pueblo bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo. Y aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario. Ciertamente, mientras estemos aquí en la tierra, podremos vivir este misterio de una manera oscura,  incompleta.  Sin embargo, en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios tal cual es.

La Santísima Trinidad es, entonces, uno de los misterios escondidos de Dios, que no puede ser conocido a menos de que Dios nos lo dé a conocer. Y Dios nos lo ha dado a conocer revelándose como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo: Tres Personas distintas, pero un mismo Dios. 

Muchas veces recordamos nuestra pertenencia gozosa a Dios Trino.

Al principio de nuestra vida cristiana ya fuimos bautizados “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”; ¿Cuántas veces trazamos sobre nosotros mismos la señal de la cruz, invocando a las tres Personas? ¿Cuántas veces decimos el “Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo”, expresándole nuestra alabanza y gratitud?

Al inicio de cada Eucaristía, el sacerdote nos saluda deseándonos la gracia y la paz de Dios Padre y del Hijo y del Espíritu, y al final nos despide bendiciéndonos en el mismo santo nombre.

Cuando profesamos nuestra fe, decimos creer en Dios Padre, en Cristo Jesús que murió y resucitó, y en el Espíritu Santo, que anima a la Iglesia y la lleva a la unidad.

Nuestra vida es claramente trinitaria.

No todo en la vida es demostrable, medible. Esto no significa que no exista. ¿Quién puede medir la cantidad de amor de una madre a un hijo? ¿Quién puede medir y pesar el amor verdadero entre dos personas? El que no podamos medir el amor, no quiere decir que no exista. 

Así es el misterio de la Santísima Trinidad, el que no podamos explicarlo no quiere decir que no exista.