
1 Jn 3, 22 — 4, 6
San Juan, en este pasaje de su carta, quiere dejarnos claro quiénes son cristianos y quiénes no lo son. Empujados por Dios, son cristianos “los que creen en el nombre de su Hijo Jesucristo”… e insiste: “todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios, es del Anticristo”, no es cristiano.
Lo sabemos bien, cristiano es aquel al que Jesús sale a su encuentro, le cautiva son su amor, con su luz y le pide que le siga: “Ven y sígueme”… y le sigue todos los días de su vida. Y Dios Padre está dispuesto a darnos todo aquello que le pedimos “porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada”, sobre todo, amándonos unos a otros como él nos lo mandó… lo que nos lleva a la sublime realidad de ser de Dios. “Nosotros somos de Dios”.
Mt 4, 12-17. 23-25
San Mateo nos presenta el inicio de la predicación de Jesús, el primer anuncio de su evangelio, de la buena noticia que nos trae. Jesús no empieza predicando el amor, el perdón, la limpieza de corazón… Empieza anunciándonos la llegada del reino de Dios. Es su gran mensaje para toda la humanidad. Jesús proclama la buena noticia de la llegada de un nuevo orden, de una nueva sociedad, de una nueva forma de vivir. Dios no solamente nos ha creado y nos ha dejado a nuestra suerte. Quiere tener unas relaciones muy íntimas con todos nosotros. Nos anuncia que está dispuesto a ser lo que es: nuestro Dios, nuestro Dueño, nuestro Señor… nuestro Rey. Nos pide que dejemos que él sea nuestro Rey, el que rija, el que dirija nuestra vida y que rechacemos a todos los falsos dioses que se acerca a nosotros… Pero no es un Rey despótico, sino que es un Rey Padre que nos ama entrañablemente y nos hace hermanos de todos los seres humanos.
El Reino de Dios ya empieza en esta tierra. Forman parte de él los que dejan que Dios sea su Rey… pero el Reino de Dios llegará a la plenitud en el cielo, cuando Dios y solo Dios sea el Rey de todos, cuando “Dios sea todo en todos”.










