EL APOYO EN LA PALABRA DE DIOS, EL JUDAÍSMO
Objetivo: Fomentar el contacto y escucha de la Palabra de Dios, fundamento y apoyo indispensable de nuestra fe, a través de la lectura de la Biblia.
Ideas principales:
· El A. T. nos transmite la reflexión y vivencias de nuestros antepasados a través de las cuales se ha ido depurando la Revelación de Dios al hombre que guía y alimenta nuestra fe.
· Dios se manifiesta en los acontecimientos de la vida, especialmente en los más sencillos. Sólo apoyándonos en la Revelación anterior podemos escuchar, reconocer y entender su palabra.
· La Palabra no puede interpretarse literalmente convirtiéndola en ley opresiva como para los judíos; se debe interpretar desde la libertad del creyente en Cristo.
· La Palabra de Dios compartida es el mejor fundamento de la unidad e identificación de los creyentes. No ha de ser privilegio que aísle sino riqueza a compartir con todos los hombres.
· La Salvación que la Revelación de Dios nos promete al final del camino, no se basa en valores materiales de este mundo. Es una realidad distinta.
RESUMEN DE LAS IDEAS PRINCIPALES
Dios pronuncia su Palabra en la Historia y en la vida presente. La Biblia recoge esa Palabra interpretando su sentido a través de nuestros antepasados en la fe. Por eso hoy nos sirve de guía para reconocer las manifestaciones salvadoras de Dios en nuestra
historia personal.
DESARROLLO DE LA CATEQUESIS
Primer paso: EXPERIENCIA HUMANA
Cuando en la Televisión un serial interesa a la gente, se escucha con frecuencia esta pregunta: ¿qué pasó ayer?. Parece natural porque si no sabes lo que pasó ayer no te enteras bien del capitulo de hoy. A partir de esta experiencia corriente podemos plantear si alguna vez hemos preguntado por la historia de nuestra fe, si los textos que se leen de la Biblia nos dicen algo, si acudimos a ella alguna vez y para qué…
Segundo paso: DESARROLLO DE LAS IDEAS PRINCIPALES
La ilusión del regreso de Babilonia: Is 43,14-21; Zc 6,9-13.
La tolerancia religiosa de Ciro permite a los israelitas desterrados el retorno a Jerusalén para reconstruir el templo y restaurar el culto al Señor (Esd 1,1-18) aunque bajo dominio persa. Estamos en el 538 a.C. Sólo una minoría vuelve, pero una minoría fiel e ilusionada que ve en Ciro un instrumento de Dios y en la vuelta, un nuevo Éxodo. Cree que todo ello es el inicio de una nueva etapa de esplendor de Judá bajo la dinastía de David.
Dificultades y desmoralización: Esd 4,4-5; Neh 4,1-14; 9,36-37.
Durante el destierro la tierra de Judá fue ocupada por extranjeros y samaritanos cuyos intereses, religión e ideas eran distintos y a veces enfrentados con los de los repatriados.
La reconstrucción del Templo de Jerusalén fue penosa y el edificio terminado era pobre en comparación con el de Salomón. Tardan casi un siglo desde el regreso hasta que los persas permiten que reconstruyan las murallas de Jerusalén. Las obras se hacen realidad permitiéndoles cierta autonomía frente a los pueblos vecinos. Pero la ciudad apenas alberga gente (Neh 7,4), el entusiasmo decae y ante la firmeza del imperio persa que los domina se ve cada vez más remota la reinstalación de la dinastía de David.
La reforma religiosa de Esdras: Esd 7,1-16 y 25-26; 9,8-9 y 15; Is 59,21 y 60,19-22.
La fe purificada de los retornados choca con la mezcolanza de paganos y antiguas tradiciones de Israel que impera en Palestina. En estas circunstancias el resto encuentra en Esdras al hombre puesto por Dios para unir al pueblo fiel alrededor de su palabra y dar sentido a su existencia. A él se le atribuye la refundición de todas las tradiciones (J, E, D y P) anteriores en el actual Pentateuco, la Ley por excelencia de los judíos.
La Ley es la Palabra de Dios dicha a través de la Historia a su Pueblo elegido. Es precisamente el Señor y la misión de dar testimonio de su Palabra ante el mundo la más profunda razón de ser de Israel.
Esdras consigue del dominador persa Artajerjes que se reconozca esta ley para regir a Judá, y acomete con dureza la purificación de la fe y de las costumbres de la heterogénea población de Palestina para devolver al pueblo su identidad y su esperanza.
El judaísmo: Neh 8,1- 6; 10,29-36; 13,3; Esd 10,10-12.
La restauración de Israel – eminentemente religiosa y no política – comienza simbólicamente con la lectura en la plaza pública de la ley de Moisés y de la Alianza del Sinaí. Esta es renovada solemnemente por el pueblo.
Así comienza un nuevo estilo de constituirse en Pueblo de Dios: Escuchar su ley y oír a los profetas que la interpretan aplicándola a la realidad que vivían.
El problema es que con el tiempo, estas interpretaciones las realizan los sacerdotes en vez de los profetas y la Palabra de Yavé se convierte en algo formal y como en un duro corsé para el Pueblo. Jesús lo denunció, porque el Padre no quiere eso: «no se hizo el hombre para el Sábado sino el Sábado para el hombre».
Tercer paso: NOS PREGUNTAMOS
REFLEXIONES E INTERROGANTES
La Biblia es la herencia de la fe de muchas generaciones que han vivido y descubierto la Palabra de Dios. Por eso nos proporciona los criterios mas seguros para interpretar la Palabra que hoy nos está diciendo Dios a través de la vida. ¿Vemos en la Biblia un lugar de encuentro con Dios? ¿Nos preocupamos por formarnos un criterio sólido para reconocer y escuchar lo que Dios nos está diciendo hoy? ¿Creéis que alguien mejor que Dios nos va aclarar para qué hemos venido a este mundo?
Carto paso: TEXTOS PARA LA ORACIÓN E INTERIORIZACIÓN
ESTRIBILLO: Las palabras de los hombres son palabras y palabras.
Pero Tú cuando nos hablas tu Palabra es la verdad.
Señor, danos tu Palabra y podremos confiar.
Tu Palabra, Señor, es estrella que guía,
tu Palabra, Señor, es sal interior.
Tu Palabra, Señor, es más clara que el día,
tu Palabra, Señor, es un signo de amor.
Tu Palabra, Señor, es anuncio de gloria,
tu Palabra, Señor, me habla de verdad.
Tu Palabra, Señor, pone luz en la historia,
tu Palabra, Señor, es palabra de paz.
Quinto paso: ORIENTACIONES PARA HABLAR CON LOS NIÑOS
Acercarlos a la Palabra de Dios que nos transmite la Biblia, haciéndoles ver la importancia de esta herencia de nuestros antepasados en la fe, herencia que podrán comprender mejor cuando sean mayores y puedan entenderla por sí mismos

