Martes de la IV Semana de Cuaresma

Ez 47, 1-9; 12

Jesús ha venido, para hacerlo todo nuevo, para darnos una vida nueva.

De la misma manera como el agua de la profecía de Ezequiel cambiaba el mar en agua dulce, así el amor y la gracia de Dios transforman nuestra amargura, soledad y frustración en paz y gozo.

Nos fecunda para que nuestra vida estéril dé fruto y para que este fruto permanezca. Esta pausa que hace la Cuaresma nos recentra en nuestra vida cristiana y nos hace desear con todas nuestras fuerzas que los frutos de la redención se hagan presentes en nosotros, en nuestra vida y en nuestra familia.

El Agua pura del Espíritu vivifica, renueva, sana… Si quieres que este efecto vivificador de Dios se vaya realizando en tu vida, incrementa un poco tu oración, verás entonces grandes y profundos cambios en tu vida.

Jn 5, 1-3; 5-16

Hoy día nos encontramos con muchas personas que saben amar y comprender a los demás. Son unos profesionales en el amor. Pero qué hermoso si fuesen mucho más las personas que prestasen atención a los pequeños detalles, si hubiese muchas más personas que bajasen a los más pequeños detalles de la vida ordinaria.

La realidad de Israel podría, en muchos sentidos, parecerse a nuestra realidad actual. Hay hombres y mujeres que padecen enfermedades crónicas y que pierden la esperanza; hombres y mujeres que no tienen el privilegio de tener un lugar donde haya salvación y alivio; hombres y mujeres que quedan a la orilla buscando una oportunidad que nunca obtienen.

Jesús, aparece con frecuencia acercándose a estos que ya han perdido la esperanza y que pareciera que ya no quieren luchar. A estos, Jesús les devuelve no solo la salud, sino que también les devuelve la fe y la alegría de vivir.

Hay señales que nos pueden llamar la atención y que implican observaciones que debemos de tomar muy en cuenta. Varias de esas curaciones se llevan a cabo en sábado, como para enseñarnos que más allá de la ley, está la persona.

El sábado se había instituido como un espacio de descanso y socialmente como protección sobre todo para quienes más trabajaban: obreros, campesinos y esclavos. Se le había dado además el sentido religioso de dedicar este espacio al Señor. Sin embargo, perdiendo su sentido original, se llegó a convertir en fuente de esclavitud y al romperlo Jesús ocasiona el mayor de los escándalos. No miraban al hombre curado sino que miraban al mandamiento quebrantado.

No eran capaces de descubrir la salvación ni la salud a quien se encontraba desahuciado, si no que les interesaba más la observancia de una ley.

Las palabras de Jesús al paralítico implican una curación a fondo, integral que invitan a mantenerse en la senda recta.

Hay formas de quebrantar las leyes y de esta nos quiere liberar Jesús. Esto nos ha de llevar a descubrir la forma de su actuar y la recta forma que nosotros debemos imitar en nuestras acciones. No debemos esclavizarnos a las normas y a las leyes. Para Jesús es más importante la salvación que ofrece y el camino que lleva a la plenitud.

Que esta Cuaresma nos lleve a descubrir lo que hay en el interior del hombre, que debe ser sanado y que así acompañemos a Jesús en su misión.

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