Viernes de la Octava de Pascua

Hech 4, 1-12

Ni parecería que el Pedro que está hablando fuera aquel mismo Pedro que por miedo a correr la misma suerte que Jesús, lo negó tres veces; el mismo hombre que después de la resurrección estaba escondido a puerta cerrada por miedo a los judíos.

La diferencia entre uno y el otro, es que ha tenido un encuentro «personal» con Jesús resucitado. Ahora conoce a Jesús no solo como «un profeta poderoso en obras delante de Dios y de los hombres», sino como su Dios y su Señor.

Es por ello necesario que todos y cada uno de nosotros tenga también este encuentro personal, como decía el Papa Paulo VI; «de ojos abiertos y corazón palpitante», con Jesús resucitado, ya que este encuentro es el elemento que transforma nuestra vida.

La Pascua es un tiempo propicio para que este encuentro se realice en lo profundo de nuestro ser. Simplemente hay que estar atentos, Jesús nos saldrá al encuentro en cualquier momento… no lo dejemos pasar sin que nos cambie el corazón.

Jn 21, 1-14

Es una equivocada creencia que a Jesús solo se le puede encontrar en los templos, o en los momentos de mucha intimidad dentro de la oración.

Jesús, Carpintero, hombre de trabajo y de fatiga, se hace presente en nuestros mismos lugares de trabajo. Aunque su presencia escapa a nuestra vista, su acción creadora, está siempre lista para atendernos, y ayudarnos en nuestras labores diarias, para que a pesar de que nuestros esfuerzos no hayan rendido el fruto esperado, Él hará lo que para nosotros no fue posible.

La gran novedad de encontrarnos con Cristo resucitado, viene a cambiar todas las expectativas que tenía nuestra vida. Pedro vuelve a sus ocupaciones cotidianas y no está mal que lo haga, pero Jesús le pide que lo haga de un modo nuevo. Toda una noche y no ha pescado nada. Es natural que haya desaliento para quien no logra sus objetivos. Pero Jesús propone que lo haga de nuevo, pero ahora en su nombre y a su estilo.

Al amanecer se aparece Jesús y aunque ellos no lo reconocen, da nuevas posibilidades ante el fracaso. Echar las redes en su nombre es abrir nuevas posibilidades a la esperanza, es negarse a sufrir el fracaso como fin, es que de levantar nuevas ilusiones en nuestra manera de actuar. Jesús resucitado es quien nos ofrece estas nuevas posibilidades.

Ciertamente volveremos a nuestras actividades diarias, pero con la nueva fortaleza del Resucitado.

Juan lo reconoce, no solamente por la pesca milagrosa sino porque el amor le hace descubrir al maestro y lo comunica.

La espontánea y atrevida acción de Pedro nos hace imaginar todo lo que significa la presencia de Jesús. Un gesto familiar y de amistad nos ofrece Jesús al presentar el fuego encendido, al ofrecer el pescado y el pan. Este es Jesús, el que desde lo cotidiano nos hace vivir una nueva forma, dando esperanza, restaurando la ilusión ofreciendo el pan y el pescado.

Al encontrarnos hoy con Cristo resucitado también nosotros despertemos ilusión para retomar con mayor ahínco los trabajos diarios dándoles un nuevo sentido y también nosotros seguir su ejemplo de ofrecer una hoguera que no se apague para quién se siente solo y abandonado; un pan y un pescado para quien sufre el hambre y el abandono.

9 Visitas totales
7 Visitantes únicos