Homilía para el 26 de Febrero de 2019

Mc 9, 30-37 

El Evangelio de San Marcos, nos dice hoy que en la comunidad cristiana no hay señores, ni personas privilegiadas, ni persona más importantes que otras, ni distinciones basadas en el dinero, en la belleza o en la posición social. En la comunidad cristiana hay hermanos iguales, a quienes se les encomienda diversos servicios pero todos en función del bien común.

Hoy el Señor nos decía: “el que quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos”. Jesús no niega que haya personas que quieran buscar ser los primeros, pero el que quiera ser el primero, el más cercano al Señor, ha de ser el servidor de los demás.

Para algunas personas servir a los demás, servir al pueblo se utiliza con frecuencia como un trampolín para buscar ante todo dinero o poder. Jesús no habla de este tipo de servicio sino de un servicio sin factura ni beneficios.

Hay profesiones que son más de servicio que otras, sobre todo aquellas profesiones que son necesarias para la sociedad, puestos públicos, puestos sociales, políticos, puestos de enseñanza, pero hay que ser sinceros, cuando elegimos esos puestos, ¿los elegimos para servir? ¿O los elegimos por las ventajas económicas que nos reportan, la posición social que nos da, los salarios que cobramos? Y la pregunta es ¿dónde quedan las gentes que queremos ayudar, dónde queda la ayuda?

Desde cualquier puesto se puede servir. Lo importante es que tengamos el deseo y la actitud sincera de servir, de ayudar.

Hay que servir pero sin pasar factura. No olvidemos: “el que quiera ser el primero, que sea el servidor de todos”

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