Miércoles de la VIII Semana Ordinaria

1 Pe 1, 18-25

En este hermoso anuncio kerigmático sobre nuestra salvación, el apóstol nos invita a que nuestra vida cristiana no sea únicamente de carácter vertical, referida únicamente a Dios, sino que ésta se manifieste a los demás mediante la caridad.

Suele suceder que algunos hermanos en su búsqueda de Dios se olvidan de crecer en su relación con aquellos que viven y conviven a su alrededor.

Cuando la vida espiritual es auténtica, el don del Espíritu se desarrolla precisamente como caridad, por lo que de manera natural una persona que se va introduciendo en la vida del Espíritu será una persona que desarrolla un intenso amor por todos los hermanos.

De aquí la invitación del apóstol a buscar que este amor se manifieste y sea el signo plausible de nuestra relación con Dios. Busca en este día que tu amor sea manifiesto para aquellos con los que hoy vas a tratar.

Mc 10, 32-45

Una de nuestras tendencias naturales, es el buscar los primeros lugares y el aprovechar cualquier situación para que la gente nos rinda honores.

Sin embargo, la invitación de Jesús para sus seguidores es contraria a ésta: «El que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos».

El Evangelio de este día lo deberíamos de reflexionar todos, con un con un corazón abierto y con gran sinceridad, dispuestos ante el Señor.

Renunciar al privilegio de ser: papá, mamá, hermano mayor, jefe, gobernante, sacerdote, implica reconocer que no somos más que los demás, que los otros por pequeños o subordinados que sean, tienen también derechos, y sobre todo que es para ellos para quienes Dios nos ha dado esta responsabilidad y nos ha puesto es esa posición.

Los poderosos y los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran dueños y las oprimen. Nunca fue esa la finalidad al constituir a alguien como el conductor de un pueblo, pero siempre ha habido quien se apunte no para servir, si no para servirse del puesto.

Jesús propone que quien quiera ser grande sea el servidor y se coloque él mismo como ejemplo de servicio, entrega y de donación.

Los discípulos peleaban entre ellos por ver quién era el primero. Jesús propone que mejor se vea quién sirve mejor. Gran enseñanza para todos y cada uno de nosotros, pero muy en especial para quienes aspiran a ser un servidor público.

Si entendemos con el corazón lo que Jesús nos ha dicho hoy y lo ponemos en práctica, no tardará en brillar en nosotros el fruto de la humildad, la cual, siempre viene acompañada de paz y dulzura.

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