
Celebramos hoy la fiesta de la Epifanía del Señor. La Epifanía es la segunda fiesta más importante del tiempo de Navidad. Epifanía significa manifestación. Hoy el niño Jesús se da a conocer a todas aquellas personas que lo buscan con sincero corazón.
La 1ª lectura del profeta Isaías anuncia la llegada de la Luz salvadora de Dios, que cambiará a Jerusalén y que atraerá a la ciudad de Dios a todos los pueblos de mundo.
El profeta Isaías, nos invita a que levantemos nuestra mirada porque ha surgido una Luz que nos orientará e iluminará. Nos invita también a dejar a un lado la oscuridad del pecado para que dejemos paso a la Luz de la salvación que es Cristo, porque Cristo ha venido para ser “Luz que alumbra a todos los hombres de buena voluntad”.
Cuando en nuestra vida aparezca la oscuridad, la duda, las dificultades y preocupaciones, los sufrimientos y las tristezas, levantemos nuestros ojos al cielo y se nos mostrará la estrella de Jesús que alumbrará nuestro camino con la luz de su paz.
La 2ª lectura de san Pablo a los Efesios nos dice que todos los hombres, son miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa de salvación en Jesucristo.
La salvación es para todos los hombres. La fe es un regalo y un don de Dios, que el Señor concede a todos los hombres de buena voluntad, sean del país que sea o de la raza que sea. La fe en Jesús es la luz que nos orienta hacia Dios, al igual que la estrella orientó a los Magos hasta Belén donde estaba Jesús. Lo importante es que nos dejemos guiar por Jesús, aunque haya momentos difíciles en nuestra vida, hemos de dejarnos guiar por esa luz que es Jesús.
El Evangelio de san Mateo nos ha relatado la adoración de los Magos. Los Magos representan a todos los hombres y mujeres que buscan a Dios para adorarlo.
Dios nos llama siempre a través de una señal, en el evangelio de hoy es una estrella en la noche, algo que todos pueden ver, pero cuyo significado sólo lo entienden los que buscan sinceramente a Dios.
Todos somos llamados por Dios, pero para encontrarnos con Él, es necesario tener los ojos y el corazón bien abiertos para responder a su llamada. Los Magos estaban seguros de que Dios los llamaba y por eso salen en su búsqueda. Han dejado todo: tierra, casa, lo único importante es encontrarse con Dios.
Los Magos representan hoy a todos esos hombres y mujeres que buscan crecer en su fe, que tienen un corazón dispuesto a creer, a confiar, dispuestos a hacer camino; y este camino puede ser muy largo, superando toda clase de obstáculos.
Los Magos ven la estrella. La estrella es la voz de Dios que nos manifiesta su amor. Los Magos están abiertos a la llamada de Dios, vigilan, escuchan, buscan. No son hombres superficiales, distraídos, sino que siguen la estrella.
Los Magos no son hombres que hayan reducido su vida a vivir lo mejor posible, a aprovecharse, a disfrutar la vida. Son capaces de dejar su tierra y familia, y ponerse en camino a buscar a Dios. No están apegados o atados a las cosas, lugares o personas. Son libres y llenos de esperanza, capaces de dejarlo todo por seguir la llamada. Siguen la estrella a pesar de las dudas y de las pruebas del camino.
Los Magos no tienen duda, ese niño es el Dios Salvador y se arrodillan y lo adoran y le ofrecen regalos. Adorar es quedarnos en silencio agradecido y gozoso ante Dios, admirando su misterio desde nuestra pequeñez.
Le ofrecieron regalos. Regalar algo es un gesto muy humano, expresa el deseo de ofrecer algo gratis, o mejor, darnos gratuitamente al amigo o a la persona querida o necesitada. Hoy olvidamos lo que es el verdadero regalo, regalamos como un cumplimiento, o por interés para que nos regalen.
El Evangelio nos dice que le ofrecieron regalos valiosos: oro, incienso y mirra. Lo valioso es entregar lo mejor que uno tiene, así lo hizo Dios con nosotros, al entregarnos a su Hijo. No es cuestión de regalos sino de regalarse uno mismo a Dios.
Vieron al niño y se regresaron por otros caminos. Si nosotros encontramos a Dios también haremos caminos nuevos, diferentes, nuestra vida ha de ser distinta. Tenemos que tener la capacidad, cuando nos encontramos con Dios, de renovarnos y cambiar. Dios cambia siempre nuestros planes. Hay que confiar siempre en los planes de Dios, aunque no se entienda nada. Creer es aceptar el camino que nos presenta Dios es estar siempre disponible, humildes y confiados.
Ver la estrella y seguirla, compartir, superar las dudas y buscar, cambiar y renovarnos, descubrir a Dios y confiar en Él. Estas son las actitudes que hemos de aprender de los Magos.
Pidámosle al Señor que los Magos nos dejen de regalo estas actitudes, para encontrarnos con Dios.










