
Is. 58, 1-9
Si el ayuno ha perdido espacio en la vida del cristiano, muy posiblemente es
porque se ha convertido en una práctica ritual desconectada de la vida, siendo
que como nos lo refiere hoy el texto bíblico, éste debe tener una referencia
directa a nuestra situación y actividad concreta.
¿De qué le puede servir al cristiano el privarse durante la Cuaresma de no comer «dulces» o no «fumar» (ejemplos clásicos de penitencia cuaresmal, que para lo único que sirven es muchas veces sólo para buscar bajar unos kilos o mejorar la salud), si no está dispuesto o si estas práctica no le ayudan a cambiar su comportamiento y actitud tanto hacia Dios como hacia el prójimo?
Conocemos personas que se abstienen de fumar, lo que les cambia el carácter y se la pasan todo el día de un genio que ni ellos mismo se aguantan. Nuestras prácticas ascéticas tienen que estar enfocadas a mejorar nuestra vida espiritual y a crecer en el amor. Serían muchos los ayunos que podríamos hacer y que verdaderamente podrían cambiar nuestra vida y nuestra relación con Dios y con los demás. Piensa qué cosas necesitaras eliminar, agregar o potenciar para que tu relación con Dios y con tu familia crezca en esta cuaresma, esa será una buena penitencia, será la penitencia que Dios quiere para ti.
Mt 9,14-15
Este tiempo de cuaresma, muchas personas acostumbran a hacer ayuno y abstinencia recordando el ayuno que Jesús hizo durante 40 días en medio del desierto. Es una sana costumbre el ayuno, para otros ya no tiene sentido el ayuno ni la oración, ni el sacrificio.
El texto de san Mateo, parecería darles la razón a estos que piensan que ya no tiene sentido ayunar, al constatar que los discípulos no ayunan y que Jesús los defiende ante los discípulos de Juan y los fariseos.
Jesús, nunca negó la validez del ayuno y la oración, es más Él mismo hizo grandes periodos de ayuno y muchos momentos de oración. Contra lo que habla Jesús es de un falso ayuno que no está acorde con un arrepentimiento y conversión del corazón.
Jesús sigue la misma línea de los profetas, en especial del texto que hemos leído hoy como primera lectura. Isaías nos transmite cuál es el ayuno que quiere el Señor: “que rompan las cadenas injustas y levantes los yugos opresores, que liberes a los oprimidos y rompas todos los yugos, que compartas tu pan con el hambriento y abras tu casa al sin techo, que vistas al desnudo y no des la espalda a tu prójimo”
El sentido del ayuno y la penitencia es compartir con el hermano. Si hoy no comemos carne, pero nos hartamos de manjares más costosos y más sabrosos que los que comemos ordinariamente, no tiene ningún sentido el ayuno. El sentido es privarnos de algo para compartirlo con el hermano que está necesitado.
El ayuno y llevar una vida mortificada y moderada, tiene ahora mucho más sentido que nunca, pues nos hemos acostumbrado a buscar una vida cómoda, sin compromisos y sin dificultades.
El fuerte reclamo que hacen los profetas debe resonar también en nuestros días, pues también para nosotros son aquellas duras palabras: “es que el día que vosotros ayunáis, encontráis la forma de hacer negocios dudosos y oprimir a los trabajadores. Es que ayuna para luego pelearse y discutir; para dar golpes sin piedad.
Que hoy ayunemos para mortificar nuestro cuerpo, pero también abramos nuestro corazón al prójimo necesitado, al oprimido, pues en cada pequeño está el mismo Jesús.
Que ayunemos hoy de la soberbia, de la mentira, de placeres, de críticas y que podamos con entusiasmo dedicarnos a construir el Reino de Dios, a descubrir al hermano y a ayudar a mi prójimo.
En esta Cuaresma, busquemos ayunar de las cosas que le quitan espacio a Dios en nuestra vida para que al llegar a la Pascua estemos totalmente llenos de Dios.

