
Dt 30, 15-20
La conversión, no debe ser sólo exterior, sino que debe ir sobre todo hacia la conversión del corazón. La conversión del corazón que viene a ser el núcleo de toda la Cuaresma, es vista por la Escritura, como un momento de elección por parte del hombre que debe dirigir a Alguien. La pregunta es: ¿A quién dirigimos el corazón? ¿Hacia quién me estoy dirigiendo yo? En este período en el cual la Iglesia nos invita a reflexionar más profundamente tenemos que preguntarnos: ¿Hacia dónde voy yo?
En la primera lectura Dios pone delante del pueblo de Israel el bien y el mal, diciéndole que puede elegir, decir a quién quiere servir, qué quiere hacer de su vida. Tú también vas a decidir si quieres vivir tu vida amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a Él, o vas a tener un corazón que se resiste. Es en lo profundo de nuestra intimidad donde acabamos descubriendo hacia quién estamos orientando nuestra vida.
La Escritura nos habla por un lado de un corazón que se resiste a Dios y por otro lado de un corazón que se adhiere a Dios. Mi corazón se resiste a Dios cuando no quiero ver su gracia, cuando no quiero ver su obra en mi vida, cuando no quiero ver su camino sobre mi existencia. Mi corazón se adhiere a Dios, cuando en medio de mil inquietudes, vicisitudes, en medio de mil circunstancias yo voy siendo capaz de descubrir, de encontrar, de amar, de ponerme delante de Él y decirle: “aquí estoy, cuenta conmigo”.
Jesús en el Evangelio nos presenta esta elección, entre resistencia del corazón y la adhesión del corazón como una adhesión por Él o contra Él: “El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue su cruz cada día y se venga conmigo.” Una conversión que no es solamente el cambiar el comportamiento; una conversión que no es simplemente el tener una doctrina diferente; una conversión que no es buscarse a sí mismo, sino seguir a Jesucristo. Esta es la auténtica conversión del corazón.
Jesús pone como polo opuesto, como manifestación de la resistencia del corazón el querer ganar todo el mundo. ¿Qué prefieres tú? ¿Cuál es la opción de tu vida, cuál es el camino por el cual tu vida se orienta, ganar todo el mundo si no te ganas a ti mismo?, pero si has perdido a base de la resistencia de tu corazón lo más importante que eres tú mismo, ¿cómo te puedes encontrar? Solamente te vas a encontrar adhiriéndote a Dios.
Deberíamos entrar en nuestra alma y ver que estamos ganando o qué estamos perdiendo, a qué nos estamos resistiendo y a quién nos estamos adhiriendo.
Son dos caminos. A nosotros nos toca elegir: “Dichoso el hombre que confía en el Señor, éste será dichoso; en cambio los malvados serán como paja barrida por el viento. El Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo”: ¿Qué camino llevo en este inicio de Cuaresma? ¿Es un camino de seguimiento? Me dice Nuestro Señor: ¿Eres de los que quieren estar conmigo, de los que quieren adherirse a Mí? ¿O eres de los que se resisten?
Lucas 9, 22-25
Nuestra vida tiene muchos momentos de elección que nos producen crisis, dudas y tensiones. Cada elección optamos por un bien, pero dejamos también alguna otra cosa que queremos también tener. A veces pasamos demasiado tiempo sin decidirnos y acabamos por perder las opciones. Nos quedamos con las manos vacías por querer atrapar las dos cosas. En cambio, otras veces elegimos un bien pero quedamos suspirando por el que hemos abandonado. Pero también hay quien juega a dos fuegos y quisiera estar en ambos lados.
La primera lectura de este día nos coloca en el ambiente de cuaresma para revisar cuáles han sido nuestras elecciones, qué preferimos en realidad y cuál es el camino que vamos haciendo.
Dice el Señor: “hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal… bendición o maldición”
Nosotros quisiéramos escoger el camino fácil y tener vida o bien escoger el camino de la vida y entregarnos a los placeres que nos llevan a la muerte. Somos como una contradicción. Decimos tender hacia una meta y caminamos hacia la otra. No somos firmes en nuestros propósitos.
Cristo nos presenta todavía de una manera más clara y decisiva: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga”. Nosotros amamos a Cristo y quisiéramos seguirlo, pero al mismo tiempo quisiéramos seguir los proyectos y las tentaciones que el mundo nos ofrece. Nos atraen las enseñanzas de Jesús, pero también quisiéramos seguir los caminos de nuestros propios instintos.
La Cuaresma es tiempo de definición, de desierto, de prueba. Necesitamos revisar si nuestras elecciones son bien definidas y se respaldan después por nuestras acciones.
Hoy Jesús nos invita a tener una vida libre, pero nos exige libertad de corazón, porque “¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo o se destruye?”
De nuestras elecciones dependerá si somos libres o somos o somos esclavos, si tenemos vida o tenemos muerte.
Por eso hoy pidámosle al Señor que podamos encontrar la paz, que escojamos la vida, que nuestras decisiones sean firmes en búsqueda de una vida verdadera.

