
2 Tim 4, 1-8
Hemos oído parte de la conclusión de la segunda carta a Timoteo.
Nuestra lectura se inició con una formulación de solemnidad: «En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, te pido encarecidamente, por su advenimiento y por su Reino». Escuchemos apropiándonoslas estas recomendaciones tan solemnemente proclamadas. Es un evangelista, también a cada uno de nosotros que debemos ser propagandistas convencidos y convincentes del Evangelio.
«Anuncia la Palabra: insiste a tiempo y a destiempo, convence, reprende, exhorta». Hasta aquí, y sacado de contexto, nos podría parecer que el apóstol recomienda una acción inoportuna, fanática, exaltada, pero dice: «con toda paciencia y sabiduría», es decir, al modo de Cristo.
Pablo echa una mirada a su propio recorrido, ve su situación actual, y mira esperanzado la conclusión de todo, o más bien, el inicio de algo nuevo: la vida con el Señor resucitado: «El Señor, el justo juez, me premiará en aquel día y no solamente a mí, sino a todos aquellos que esperan con amor su glorioso advenimiento».
Mc 12, 38-44
“Dar” es la acción del generoso. Dar una limosna, por ejemplo, en el campo material. Pero también dar de mi tiempo, compartir mis conocimientos con los demás o contagiar mi alegría con una sonrisa son manifestaciones de esta virtud.
Hay muchas maneras de “dar”, y muchas motivaciones para nuestra donación. ¿Se puede hablar de generosidad cuando lo hacemos por interés, esperando recibir algo a cambio? Tampoco es generoso quien da, pero sólo un poco de lo mucho que podría, como nos muestra el Evangelio. ¿Y qué decir de quien “es generoso” para que los demás digan: “qué bueno es…”?
Madre Teresa dijo (y vivió, por supuesto) que hay que “amar hasta que nos duela”. ¡Ya tenemos un buen termómetro para saber si somos realmente generosos! Si mi donación es costosa, voy por buen camino. Si no me exige sacrificio alguno, es seguro que puedo dar mucho más.
Y este “dar” se identifica con la generosidad cuando se hace pensando en el bien del otro, cuando se da por amor.

