
1Sam 16,1-13
En algunas ocasiones nos encontramos con hermanos que por alguna circunstancia no se sienten «dignos» o capaces para realizar algún apostolado o algún servicio de tipo apostólico e incluso indignos de recibir tal o cual gracia espiritual.
El pasaje de hoy nos muestra que no son nuestros pobres criterios de «idoneidad» los que Dios sigue para encargarnos un ministerio o para otorgarnos una gracia espiritual.
David, con todo y ser el más pequeño y quizás, a los ojos de sus hermanos y del mundo en general, el menos apto para ser ungido como rey, Dios que ve su corazón lo elige.
Pudiera incluso ocurrir que efectivamente no fuera el mejor para ello, pero Dios siempre, junto con el ministerio, da la gracia necesaria para realizarla. Por ello hemos leído que «desde ese momento el Espíritu de Dios estuvo con él». Si Dios te llama, no tengas miedo a responder y a abrir tu corazón, pues si tú o los demás no te consideran apto, Dios te dará su gracia y con su poder podrás realizar lo que Él mismo te ha pedido.
Mc 2,23-28
La verdad, a los fariseos no les importaba transgredir la ley, sin embargo la
sabían usar muy bien para su propio beneficio, habían olvidado que la ley nunca puede ser más importante que la caridad.
Quizás en nuestro tiempo no tendrían mucho sentido estas palabras de Jesús, ni aun diciendo que el domingo se hizo para el hombre y no el hombre para el domingo. Hemos dejado a un lado estas celebraciones y nos hemos enfocado en otros ritos y celebraciones.
Pero creo que las mismas palabras de Jesús tendrían mucho sentido si miramos lo que ahora nos esclaviza y quizás podríamos parodiar su reflexión diciendo: “el dinero se hizo para el hombre y no el hombre para el dinero”, o quizás también podríamos aplicarla a otras esclavitudes modernas: “el placer se hizo para el hombre y no el hombre para el placer”.
El domingo es para muchos, sinónimo de futbol y diversión. Son muchas las esclavitudes que ahora sujetan y oprimen al hombre y lo más triste es que él mismo se ha colocado esas cadenas. La misma miopía con que veían las autoridades judías el sábado, que se convirtió de un día de descanso y de liberación, en un día de opresión, lo mismo sucede en la actualidad. Revisemos nuestra vida y encontraremos nuevas esclavitudes.
La política es ciertamente un bien muy necesario para el progreso y bienestar de los pueblos, pero cuando se manipula la política y se la convierte en instrumento de opresión, pierde todo su sentido.
Los bienes materiales, la producción, están dentro del plan de Dios para alimentar al hombre, para otorgarle los bienes necesarios para su salud, para su bienestar, pero después convertimos en un dios al comercio, a la empresa y al negocio, a tal punto que acaban destrozando a las personas en aras del negocio. Y así, muchas cosas se convierten en opresión.
El deporte, que debería ser descanso y convivencia, se convierte en fanatismo, causa de divisiones y abandono del hogar, de la familia y de Dios.
El vino, signo de alegría, se apodera de las personas y las embrutece; el poder que debería ser servicio, se transforma en opresión. Y cada uno de nosotros puede revisar si lo que nos mueve o atrae está en función de la realización de la persona, o bien si ya se ha convertido en fuente de esclavitud.
Hay cosas muy buenas: el estudio, la religión o el servicio, pero cuando se vuelven obsesión e ideología llegan a ser cadenas.
¿Qué nos diría Jesús? ¿Tenemos el corazón libre?

