
2 Tim 1, 1-3. 6-12
Pablo está encarcelado por segunda vez en Roma, mira ya cercana su muerte por Cristo. Y tiene que dejar, ante todo, las instrucciones y recomendaciones llenas de doctrina, pero también muchos datos personales. Por eso San Pablo escribe esta carta a su discípulo Timoteo.
San Pablo nos recomienda: «reavivémonos», efectivamente, este don vivo de Dios, su propia vida en nosotros, hay que reavivarlo continuamente, lo mismo que una planta viva pide que se le ponga en un buen terreno y en un clima apropiado, que se le alimente adecuadamente, que se la defienda de todo lo que atente contra esa vida.
La vida nueva del Señor resucitado es nuestra vida, nuestra fuerza, nuestra esperanza.
Pablo aparece ante nosotros como un modelo de fe en Cristo » estoy seguro de que él, con su poder, cuidará hasta el último día lo que me ha encomendado».
Mc 12, 18-27
Una de las cosas que siempre han cuestionado y preocupado al hombre es su destino final. ¿Qué pasa después de la muerte?
¿Nos gustaría a nosotros hacerle a Jesús la misma pregunta que le hacen los saduceos? Tenemos muchas dudas sobre lo que hay más allá de la muerte y por más que muchos ahora digan que les hablan a los muertos o que tienen comunicación con los espíritus, siempre quedamos en la ignorancia sobre lo que hay más allá.
Cristo mismo nos asegura que hay resurrección, pero no tenemos claro qué podremos encontrar. Nuestras pobres inteligencias se niegan a concebir una vida nueva diferente y queremos encasillar la resurrección como un continuo revivir, reencarnarse y al final terminaría en una vida monótona, sin novedad.
Cristo nos dice que tendremos vida en plenitud, no que viviremos como cadáveres; habrá una comunicación con nuestro Dios y una participación de su amor que nos hará vivir a todos como hermanos.
San Pablo busca animar a Timoteo y sostenerlo recordándole que nuestro Salvador Jesucristo ha destruido la muerte y ha irradiado la vida e inmortalidad por medio del Evangelio. Está enseñanza, de ningún modo nos debe excusar de un trabajo serio y comprometido con la realidad, sino todo lo contrario. Quien tiene fe en la resurrección de Jesús se une íntimamente a Él y se compromete seriamente por la vida en todos sus sentidos.
Es triste el ambiente de muerte que propiciamos al destruir la naturaleza, es increíble la dureza del corazón que debemos tener cuando somos capaces de destruir la vida desde el vientre, o en la ancianidad, con pretexto de que estorban o no son productivos.
Hoy el Señor nos llama al cuidado de la vida en todas sus expresiones: la vida de la persona que no debe ser destruida con el alcohol, con las drogas, con los excesos; la vida de los demás que debes cuidar preservar; la vida de la naturaleza, que al final de cuentas, da vida al hombre.
¿Somos cuidadores de la vida o somos destructores y pregoneros de muerte?
Jesús es la vida.

