
2 Tim 3, 10-17
Hoy hemos oído esas palabras de San Pablo que decía: “sean imitadores míos como yo lo soy de Jesucristo”.
Timoteo fue un testigo cercano y un copartícipe de muchas de las actividades apostólicas de Pablo, por esto le recuerda: “mi modo de vivir, mis planes, mi fe, mi paciencia, mi amor fraterno, mi constancia, mis persecuciones y sufrimientos…” Timoteo podía ver esto en gran relieve y con todo detalle. “Todos los que quieran vivir como buenos cristianos también serán perseguidos” nos recuerda el apóstol. Vivir una auténtica vida cristiana siempre supondrá luchas, esfuerzos, paciencia, perseverancia.
Pablo presenta como base de fuerza y como instrumento de lucha, la Santa Escritura. Sería bueno preguntarnos hoy nuestra actitud ante la Palabra de Dios. ¿La buscamos? ¿La aprovechamos? ¿La meditamos? ¿La transformamos en oración?
Mc 12, 35-37
Estos días, como primera lectura, hemos estado leyendo pasajes de la Segunda Carta de San Pablo a Timoteo que nos ofrecen una serie de expresiones de amistad y confianza, pero también muchos consejos y palabras de ánimo para quien tiene que conducir una comunidad y sufre a causa de la Buena Nueva.
San Marcos por su parte recoge una cita del Antiguo Testamento que parecería prometer al Mesías una victoria segura, libre del sufrimiento: “Siéntate a mi derecha, yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies” ¿Por qué entonces el sufrimiento y la cruz de Jesús? Fue una pregunta acuciante que dolía entre los discípulos y que poco a poco fueron entendiendo a la luz de la Resurrección y de una nueva forma de entender el mesianismo.
San Pablo recurre a los ejemplos de sus propios sufrimientos y dolores. Describe sus fracasos y problemas, no con angustia o como reclamo, sino como gloria de lo que ha sufrido unido a Cristo Jesús, por eso llega a afirmar: “¡Qué duras persecuciones tuve que sufrir! Pero de todas me libró el Señor”. Siempre en la persecución, Pablo sintió la presencia de Jesús y lo sufrió con alegría. Y lanza una afirmación atrevida y fuerte: “Todos los que quieran vivir como buenos cristianos, también serán perseguidos”.
¿Dónde quedan, entonces, esas teologías de una retribución casi a fuerzas que asegura la felicidad por las buenas obras?
No podemos entender el seguimiento de Jesús como un billete seguro para la felicidad sin contratiempos ni dificultades, pero lo que sí es seguro es que quien sigue a Jesús, a pesar de los problemas, encuentra paz interior. No es la paz del no hacer nada ni comprometerse con nada, sino la paz y satisfacción que da la lucha por la verdad y la justicia. De ahí la invitación que hace San Pablo, no sólo a Timoteo, sino a todo discípulo: “Tú, en cambio, permanece firme en lo que has aprendido… la Sagrada Escritura puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación”.
Palabras de ánimo también para nuestros tiempos donde también aparecen perseguidos quienes buscan los valores del Reino: justicia, verdad, honradez… Pero, por Jesús y con Jesús, vale la pena afrontar las dificultades y problemas, vale la pena ser perseguido.

