
Ez 47, 1-9. 12
Jesús ha venido, para hacerlo todo nuevo, para darnos una vida nueva. De la misma manera como el agua de la profecía de Ezequiel cambiaba el mar en agua dulce, así el amor y la gracia de Dios transforman nuestra amargura, soledad y frustración en paz y gozo.
Nos fecunda para que nuestra vida estéril dé fruto y para que este fruto permanezca. Esta pausa que hace la Cuaresma nos recentra en nuestra vida cristiana y nos hace desear con todas nuestras fuerzas que los frutos de la redención se hagan presentes en nosotros, en nuestra vida y en nuestra familia.
El Agua pura del Espíritu vivifica, renueva, sana… Si quieres que este efecto vivificador de Dios se vaya realizando en tu vida, incrementa un poco tu oración, verás entonces grandes y profundos cambios en tu vida.
Jn 5, 1-3. 5-16
Hoy día nos encontramos con muchas personas que saben amar y comprender a los demás. Son unos profesionales en el amor. Pero qué hermoso si fuesen mucho más las personas que prestasen atención a los pequeños detalles, si hubiese muchas más personas que bajasen a los más pequeños detalles de la vida ordinaria.
Si nosotros hubiésemos estado al lado de Cristo cuando pasó junto al paralítico, ¿nos habríamos percatado de su situación?, ¿nos habríamos preguntado cuánto tiempo lleva ese hombre en ese estado? Tal vez sólo nos hubiese causado pena y tristeza.
Sin embargo, qué finura y atención de Cristo, qué amabilidad de su parte para vibrar con el mismo dolor y sufrimiento del paralítico. Estos son los actos que rejuvenecen el amor, los actos que lo mantienen activo. No tanto los sentimientos pasajeros que son muy buenos pero que no sostienen vivo nuestro amor en el momento de la adversidad. Son los pequeños detalles en la vida ordinaria los que mantuvieron fresco el amor de Cristo con su Padre.
El hombre de la piscina, al igual que hoy en día muchos hermanos, no tienen quien les tienda una mano, quien los ayude a salir de sus problemas… quien los lleve a conocer a Jesús. ¿Te has puesto a pensar cuánta gente a tu alrededor está esperando que le tiendas la mano?
Nosotros también aprendamos en este día el arte de vivir los pequeños detalles con quienes viven a nuestro alrededor que es donde se encuentra Cristo. Sepamos corresponder y agradecer su amor a lo largo de nuestra vida para que nuestro amor a Él no envejezca sino que sea cada día más fuerte.