VIGILIA PASCUAL

Esta noche, es la noche más importante del año.  Esta noche es más importante aún que la noche de Navidad.  En la noche de Navidad celebramos el nacimiento del Señor, pero, como se nos dice en el Pregón Pascual, “¿de qué nos serviría haber nacido, si no hubiésemos sido rescatados?”

Estamos pues, viviendo esta noche, la celebración más importante del año, culminación de la Semana Santa y eje de toda nuestra vida cristiana.  Esta es una noche de fiesta y de esperanza, una noche de vela ante el paso del mundo viejo al nuevo, de la esclavitud a la libertad, de la desesperación a la esperanza y de la muerte a la vida.  Cristo ha vencido a los poderes de la muerte.

En la liturgia de la Palabra, las diversas lecturas que hemos proclamado nos han ido recordando la historia del pueblo de Israel, las grandes hazañas que el Señor ha hecho por la humanidad.  La primera de todas fue la creación del mundo.  Dios por amor, ha creado el mundo y ha puesto al hombre como dueño, como Señor de las cosas.  Hemos oído también el paso de la esclavitud a la libertad del pueblo de Israel con la salida de Egipto y el paso del mar Rojo.  El pueblo de Israel queda libre.

Todas esas hazañas que Dios hizo con el pueblo de Israel son como antecedentes de lo que el Señor realizará después con nosotros. Esta noche, se nos invita a nosotros a salir de las tinieblas a la luz, de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida. Hoy es una noche santa para recordar esas hazañas de Dios, las maravillas que Dios ha hecho por nosotros. 

Desde que hemos empezado la liturgia, hemos realizado varios signos que nos hablan de la Noche Santa: hemos encendido el fuego; fuego nuevo, del cual hemos encendido el Cirio Pascual, símbolo de la luz; hemos entrado en procesión en la Iglesia, que estaba a oscuras, con la sola luz de Cristo, con la del Cirio Pascual; de esa luz hemos ido encendiendo después nuestras velas hasta que se ha iluminado toda la Iglesia, hasta que nos ha iluminado la Luz, símbolo de Cristo resucitado, que ha roto las tinieblas de la muerte y ha iluminado el mundo con su luz.

Hoy es Pascua.  Hoy celebramos que Cristo “pasa”, que Cristo atraviesa los umbrales de la muerte y sale a la vida.  Cristo vence la muerte y resucita: es la Pascua, el “paso” del Señor.  El bautismo es pasar de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz.  Esta noche es noche de gozo y de alegría.

Esta noche no estamos celebrando algo que ocurrió en el pasado como cuando celebramos el día de la patria, o el cumpleaños de un personaje histórico.  Celebrar la Pascua es tomar conciencia que también nosotros estamos llamados a resucitar a una vida nueva.  Creer en la resurrección es creer en la acción de Dios en la historia.  Es creer en el poder de Dios que actúa en los pequeños y en los más débiles.  Es creer que la lucha a favor de la vida y de los pobres y desvalidos es mucho más fuerte que las bombas más poderosas de cualquier pueblo o nación.  Es creer que hasta de lo más débil y frágil, Dios puede hacer surgir algo nuevo.

En esta noche santa, vamos a pedirle al Señor del fuego y de la luz, que ilumine los corazones y las inteligencias de los hombres, para que a nadie le falte el calor de una mirada atenta y de una mano generosa, para que nadie muera por falta de pan y de misericordia, para que brille siempre en el mundo el fuego del amor y de la generosidad.  Encendamos en el corazón de todas las personas del mundo la luz y la llama de este Cirio Pascual, la Luz de Cristo, para que arda e ilumine la vida de todas las personas de buena voluntad.

En esta noche Santa demos gracias a Dios por la resurrección de Jesucristo y porque Él nos ha unido a su misma resurrección, nos ha tomado de la mano y nos ha salvado, nos ha redimido, nos ha liberado de las cadenas que nos ataban.  ¡Feliz Pascua de resurrección!

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